Iglesia
de Santa Eufemia de Cozuelos
(Olmos de Ojeda)
MONASTERIO
DE SANTA EUFEMIA: Joya románica de Olmos. Tiene sus
primeros albores a inicios del siglo X y su primera mención
bajo el nombre de San Cosme, San Damián y Santa Eufemia
como comunidad de Varones, en el 946, fecha en que gobernaba
la zona el Conde de Monzón Assur Fernández.
El Monasterio recibió numerosas donaciones: en Astudillo
y Santoyo (947), libros litúrgicos, la Iglesia de
San Vicente, la casa religiosa de Santos Justo y Pastor
(967), la de San Miguel, San Pedro, etc... (1011-1096).
Alfonso
VII dona la Villa de Olmos al Abad del Monasterio Pedro Miguel
(1135) y Santa María de Astudillo (1143); Alfonso VIII
cede el Monasterio a Sancho Fernández (Maestre de la
Orden de Santiago), intercambiando monjas por canónigos
(1186). Recibe heredades de Doña Sancha Rodríguez
(1194-1239) (comendadora del Monasterio) en : Sotobañado,
Montoto, Vega, Micieces y el Castillo de Ebur.
Como
era de patrimonio real, en el Monasterio profesaban mujeres
como Doña Berenguela López de Aro y Doña
Sancha Alfonso abadesa e hija de Alfonso IX rey de León
y de Doña Teresa de Portugal, muriendo en 1270 y siendo
su cuerpo trasladado a Santa Fe de Toledo (1608). Hoy sólo
se conserva el sarcófago. Las veintiocho monjas se
trasladaron (1502) al Monasterio de San Pedro de las Dueñas
de Toledo, quedando Santa Eufemia abandonada (1503). El magnifico
claustro quedó desbaratado a principios del siglo XIX.
La
estructura es de planta de cruz latina, es decir, una sola
nave, un transepto o crucero y tres ábsides semicirculares.
La espadaña se eleva sobre el hastial de poniente (alto
y con firmes contrafuertes angulares).
Hay
un juego de bóvedas espléndido. En la nave hay
bóveda de crucería, el crucero lleva una cúpula
de media naranja apoyada sobre trompas con los emblemas de
los cuatro evangelistas: águila, león, ángel
y toro. Los brazos del crucero se rematan con bóveda
de cañón apuntado, el ábside central
con bóveda de cuarto de esfera y los ábsides
laterales con bóveda de horno o de cascarón.
Los
capiteles están en muy buen estado. Los que tienen
motivos vegetales pertenecen a la escuela de San Andrés,
El que tiene motivos de Sansón y el de los profetas
en una cesta pertenecen a la escuela de Moarves y de Aguilar;
y los historiados con leones superpuestos y leones sobre águilas
de alas explayadas a la escuela de Frómista y cervatos.
En
la puerta que comunica la iglesia con el claustro desaparecido
existe una arquivolta donde aparece una puntilla sobre piedra
del mismo maestro que hizo la famosa columna de San Andrés
de arroyo. En la sala de exposición hay restos de columnas,
cimacios y capiteles, destacando uno que hacía de esquinal
del claustro desaparecido; tiene dos caras talladas, una representa
"Las tres Marías ante el Sepulcro" y la otra
"La muerte del justo".
Los
primeros documentos sobre la existencia del asentamiento monástico
se remontan al siglo X. Bajo el reinado de Alfonso VI el cenobio
pasó a depender del obispado burgalés, hasta
que en 1186 Alfonso VIII lo recuperó para entregárselo
a la Orden de Santiago cuyas comendadoras lo ocuparon hasta
1502.
La
iglesia de Santa Eufemia de Cozuelos es uno de los monumentos
más significativos del románico palentino. Es
un edificio de equilibradas proporciones, con cabecera de
tres ábsides semicirculares, crucero muy desarrollado,
linterna sobre el mismo, una sola nave y espadaña rematando
el hastial de poniente. En el lado meridional de la nave se
abre la puerta que comunicaba con el claustro desaparecido.
En el hastial occidental se abre otra portada.
En
el interior encontramos un juego muy variado de cubiertas.
En la decoración escultórica queda patente la
intervención de tres talleres diferentes que se suceden
en el tiempo. Se encuentra en el lado norte del transepto
el sepulcro de doña Sancha Alfonso,decorado con leones
y lises. Se expone una excelente colección lapidaria
en la dependencia rectangular adosada al muro norte.
Los
dueños actuales, la familia Díaz Bustamante
y Quijano, no ponen ningún impedimento para la visita
del edificio. Esperemos que todo esto siga conservándose
en el mismo estado para que las generaciones venideras puedan
contemplarlo.
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